El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha hecho saltar las alarmas en el sector bancario en general, pero entre las cajas en particular. Algo que no sorprende teniendo en cuenta que muchas de ellas habían optado por sacar mayor tajada del boom del ladrillo a través de la puesta en marcha de sus propias divisiones inmobiliarias, o incluso de la mano de promotores locales. El propio gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), volvía a alertar la pasada semana sobre el riesgo contraído por las cajas en materia inmobiliaria, instándolas incluso a vender suelo para ganar así en liquidez y solvencia.
Atrás quedan los días de crecimiento desaforado y ahora toca apuntalar los recursos propios que se van a ir debilitando por la ralentización del ritmo inmobiliario. De hecho, Moody´s, una de las mayores agencias calificadores de riesgos, ya amenaza con rebajar ‘la nota´ a más de una entidad ante lo que considera una crisis en toda regla. El coctel explosivo que forman la ausencia de liquidez y el repunte de la morosidad es el principal problema al que se enfrenta la solvencia y solidez de las cajas en este preciso momento. Y es que cada vez resulta más difícil lograr liquidez en el mercado interbancario, mientras que la tasa de morosidad va a más. Toca hilar fino y adaptarse a los nuevos tiempos que se avecinan.
La CAM no ha dudado en destinar todas las plusvalías que obtuvo de la venta de su participación en Metrovacesa a provisiones en lugar de convertirlas en beneficios contables. De este modo, la entidad alicantina se cubre en salud ante un más que posible repunte de la morosidad. Mientras tanto, el máximo responsable de la caja, Vicente Sala, quiere ser pionero en España en la emisión de cuotas participativas, pese a que en el último consejo no hubo consenso a la hora de recurrir a esta fórmula de financiación para seguir creciendo y, de paso, reforzar así los ratios de solvencia.
Resulta evidente que con aumentos progresivos de la tasa de mora junto con una sobrecargada cartera de participaciones industriales como son los casos de la CAM y Bancaja, el siguiente objetivo marcado por la doctrina del propio Banco de España sea reforzar la estructura de recursos propios de las entidades. En este ámbito, las cajas son las más perjudicadas dado que sus recursos propios de primera categoría –vía preferentes– y los de segunda –a través de obligaciones subordinadas– están a punto de superarse. De ahí que en esta situación de debilidad, MAFO haya decidido que sea éste el momento apropiado para introducir mayores niveles de disciplina en los gestores de las cajas a través de las cuotas participativas.
Claro que también existe la posibilidad, más ingeniosa por otro lado, de sacar directamente a bolsa el holding de las participadas como hará en breve Criteria y como Bancaja tiene previsto llevar a cabo con Bancaja Inversiones. Será el mercado el que dé el visto bueno a esta alternativa. Precisamente la ampliación de capital que está acometiendo su filial para salir a bolsa –de la que ya tiene colocado cerca de un tercio– es uno de los argumentos que esgrime Bancaja para justificar que en estos momentos no les hace falta liquidez. Un portavoz oficial de la entidad ha declarado a EL BOLETÍN: “No contemplamos la necesidad de salir a los mercados de capitales en 2007. El crecimiento en esta última parte del año está financiado con recursos captados vía depósitos a clientes y la posición actual es positiva, siendo prestadores netos en el mercado de depósitos interbancario”.
Este semanario también se ha puesto en contacto con la CAM para conocer las medidas que han adoptado para ganar liquidez, pero la caja alicantina ha declinado hacer comentarios. Lo cierto es que Bancaja, que en julio pasado la agencia Fitch le revisó a la baja su fortaleza financiera, se ha convertido en una de las mayores emisoras del sistema bancario español. Así se desprende del informe de septiembre del mercado español de renta fija AIAF.
La caja presidida por José Luis Olivas figura como la séptima entidad que más emisiones ha lanzado este año, con un volumen acumulado hasta el 30 de septiembre de 12.671,6 millones de euros, el 3,7% del sistema financiero español. Todavía más arriba aparece Bancaja en lo que a emisión de bonos, obligaciones, cédulas y participaciones preferentes se refiere. Aquí se afianza en el quinto puesto, con un acumulado de 3.150 millones de euros. Y si de pagarés de empresa se refiere, está a punto de completar su programa vigente, puesto que del saldo máximo que tiene de 6.000 millones de euros, supera ya los 5.900 millones.
La CAM todavía está muy lejos de completar su programa de pagarés de empresa, ya que actualmente tiene en circulación un volumen de algo menos de 2.800 millones de euros frente a un techo máximo de 5.000 millones. Y es que si hay algo que está salvando al mercado financiero español del ‘crunch´ de liquidez son los pagarés de empresa. Muy queridos en su día y que recobran protagonismo. “El mercado de pagarés esta funcionando de maravilla”, comentan desde una mesa de tesorería. Además los clientes están contentos con la rentabilidad de este producto, que ya supera en muchos casos la barrera del 5%.
Darle a la máquina del papel, es decir, emitir deuda sin parar –pagarés, bonos, obligaciones, cédulas...–, se ha convertido en una tarea poco menos que obligatoria para el sector bancario. Sin embargo, el problema con el que se están encontrando las entidades más modestas es que no logran vender la totalidad de sus emisiones, por lo que se tienen que ‘comer´ su propio papel. No es el caso de las grandes. Así, el Banco Santander acaba de culminar con éxito la colocación de una emisión de 7.000 millones de euros en bonos convertibles en acciones con el fin de financiar parte de la compra de ABN Amro. Claro que no todos los bancos y cajas tienen la misma suerte.
De ahí que cada vez sean más las que recurran a la titulización. Hasta el punto que las entidades financieras están titulizando su cartera de préstamos de todo tipo (hipotecario, consumo, pymes...), pero son precisamente ellas las que están comprando el papel titulizado. Las entidades reciben dinero por vender su cartera de préstamos, pero esos fondos son necesarios para que las mismas entidades puedan comprar los bonos titulizados.
Por tanto, las entidades están igual que al principio, pero con una gran diferencia: utilizan esos bonos para ir al Banco de España a solicitar financiación semanal y conseguir así la liquidez deseada, pero el riesgo sigue estando ahí, ya que dicha titulización no las libera de los riesgos e influye directamente sobre su solvencia. emisiones de deuda Desde los pagarés hasta las titulizaciones Pagarés de empresa, bonos y obligaciones, bonos convertibles, participaciones preferentes, cédulas hipotecarias, así como valores de titulización son las principales alternativas con las que cuentan las entidades financieras que operan en España a la hora de emitir deuda.
Pero no sólo son coto de bancos y cajas, ya que también las empresas han recurrido a esta alternativa de financiación. Por ejemplo, las compañías del sector eléctrico (Endesa, Iberdrola, REE,...) han sido históricamente uno de los principales emisores de pagarés. Como también sucede en el caso de los bonos y obligaciones, cuya diferencia estriba en que los primeros cuentan con un plazo de vida inferior a los cinco años, mientras que el de las obligaciones es superior al lustro.
Existen diferentes tipos de estos activos, que comprenden desde los bonos y obligaciones simples hasta las convertibles y canjeables pasando por los subordinados. Las participaciones preferentes son un híbrido entre la renta variable (forma parte del capital social) y la renta fija (no tienen los mismos derechos que las acciones), que suelen estar garantizadas por una entidad. Por su parte, las cédulas hipotecarias son títulos que están garantizados por la totalidad de los créditos hipotecarios de su entidad emisora; mientras que las titulizaciones consisten en convertir ciertos activos (créditos al consumo, préstamos hipotecarios....) en títulos de renta fija que son negociables en un mercado secundario de valores.